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Con la llegada de un bebé a nuestras vidas, se abre ante nosotros un universo desconocido. Incluso aunque hayamos sido padres con anterioridad, siempre habrá cosas que desconozcamos, situaciones que sean nuevas para nosotros. Más allá de las preocupaciones habituales —¿estará comiendo lo suficiente?, ¿cuánto debería dormir?, ¿carrito o porteo?…—, hay algo que ocupa el foco central de nuestra atención, y es su salud.

A diferencia de cuando son algo mayores, un bebé no puede decirte qué le sucede, ni si le duele algo, o si se encuentra mal. Con el tiempo te das cuenta de cuándo llora por hambre, por sueño o por incomodidad, desde luego, y del mismo modo, aprenderás a distinguir cuándo tu bebé se queja por algo que no tiene nada que ver con todo eso.

Las infecciones suelen ser habituales, desde el típico catarro que los deja congestionados hasta las infecciones de orina, una de las causas más frecuentes de fiebre sin otros síntomas en un bebé. Hoy nos vamos a ocupar de una de las que más guerra pueden dar, por molestas y dolorosas: la otitis media.

Qué es la otitis media y qué la provoca

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Las otitis son una de las infecciones más comunes en los niños. Las hay de dos tipos: otitis externa, que produce inflamación en la parte del conducto auditivo externo, y otitis media, que es la que vamos a explorar más en profundidad.

La otitis media suele ser el acompañamiento más frecuente de un catarro o resfriado. El conducto que comunica el oído con la boca, conocido como trompa de Eustaquio, se llena de mocos y estos terminan llegando a la zona media, con las consiguientes bacterias que encuentran en esta región el medio perfecto para proliferar. Se comienza a generar un líquido que se acumula y produce presión, con el consiguiente dolor.

En el caso de los bebés más pequeños, además, hay que tener en cuenta lo delicado de toda esa anatomía. La trompa de Eustaquio, que se encargaría habitualmente de drenar el moco, es todavía muy recta y esto dificulta considerablemente la evacuación de la congestión. De ahí que, además, las otitis de este tipo sean bastante más frecuentes en los niños pequeños que en los adultos.

Esto, unido a que su sistema inmunológico no está del todo desarrollado, hace que las bacterias logren asentarse con mayor facilidad, ya que las adenoides, las glándulas responsables de combatir las infecciones en esa región, no cuentan todavía con los recursos necesarios para frenar por completo a bacterias, gérmenes y demás invasores microscópicos.

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Pero un resfriado o una infección de garganta no son las únicas causas posibles de una otitis media. Los bebés alimentados con biberón pueden tener más posibilidades de padecerla que aquellos que lo son a base de lactancia materna.

Esto puede deberse a varios factores. Por ejemplo, dar el biberón con el bebé demasiado reclinado o recostado favorece que la leche pueda desplazarse hasta las trompas de Eustaquio y desencadenar el mismo proceso que si se tratara de un catarro.

Además, algunos biberones producen presión negativa en su interior durante la succión. Cuando el bebé chupa para extraer la leche, dentro del biberón se genera una presión que desaparece cuando el bebé suelta la tetina y comienza de nuevo el proceso. Pero esta misma presión también puede llegar a afectar a la zona del oído medio, debido a la fuerza con la que el bebé tiene que succionar debido a esta presión.

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Es por ello que debemos procurar ofrecer biberones a nuestro bebé que eviten que se genere esta presión negativa, con todo lo que esto conlleva. Los biberones de Dr. Brown’s implementan un sistema completo de ventilación interna, lo que hará que tu bebé no trague aire al comer, al no tener que pelear contra la presión negativa que se generaría de otra manera en el interior del biberón.

Esto no solo reduce los riesgos de padecer otitis media, sino que también contribuye a prevenir cólicos, gases, eructos y regurgitación por reflujo. Además, los biberones de Dr. Brown’s están libres de BPA, PVC, ftalatos y plomo, con lo que son completamente seguros para la salud de tu bebé.

Cómo detectar una otitis media

Como decíamos al principio, una de las principales dificultades a las que nos enfrentamos con un bebé es la de no saber exactamente qué puede estar pasándole. La comunicación en estas primeras etapas es bastante precaria, pero los signos están ahí si sabemos leerlos.

Cuando nuestro bebé tenga una otitis, estará bastante irritable y no se calmará con los arrullos habituales. Le costará coger el sueño y posiblemente tenga más despertares, debido a las molestias. Incluso pueden llegar a frotarse o tirarse de la oreja.

Irina Murza Hcatim5dcyw Unsplash

En ocasiones, el líquido acumulado genera tal presión que el tímpano se rasga ligeramente, haciendo que salga y que veamos en la almohada unas pequeñas manchas de color amarillento. Esto, aunque parezca una grave complicación, lo cierto es que les genera bastante alivio ya que la presión desaparece en gran parte.

Si vemos estos signos —preferiblemente los primeros que mencionábamos ya que si llegamos a ver el líquido, la otitis estaría bastante avanzada—, es importante acudir a nuestro pediatra para que valore al peque y nos indique cuál es el tratamiento más apropiado.

Generalmente se tratará de un antibiótico, que causará un alivio considerable en las primeras 48 horas. En caso de no ser así, deberíamos acudir de nuevo al pediatra para valorar si ha habido alguna posible complicación. Si la otitis no se cursa con fiebre, lo más probable es que nos prescriban un antiinflamatorio —tipo ibuprofeno— para calmar la inflamación y consiguientemente el dolor.