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Dentro de pocas semanas tendremos el verano llamando a la puerta y aunque sí que es cierto que va a ser un verano algo atípico por la situación en la que nos encontramos, lo que no va a perdonar son las altas temperaturas y el sol de pleno buena parte del día.

Es, además, la estación del año en la que los peques suelen estar algo más incómodos. En invierno, el frío se puede combatir con facilidad yendo bien abrigados, pero el calor del verano les hace sudar, algunos incluso desarrollan pequeñas erupciones cutáneas por este motivo, están más inquietos y, sobre todo, tenemos que estar especialmente pendientes de mantenerlos bien hidratados.

Es algo que debemos vigilar durante todo el año, desde luego, pero con el incremento de la temperatura también lo hace la sudoración, por lo que la ingesta de líquidos debe ser mayor para compensar esta pérdida.

No solo el agua hidrata

Valeria Zoncoll Avgc87j Vna Unsplash

Antiguamente, a los bebés lactantes se les daba todo tipo de líquidos, desde manzanilla a agua de anís, pasando, por supuesto, por agua. Pero en la actualidad la AEP (Asociación de Pediatría Española) lo ha dejado bien claro: si tu bebé tiene menos de seis meses, el único líquido que debe tomar es leche, sea materna o de fórmula.

Para que nos hagamos una idea, la leche materna es en un 88% agua, así que si amamantamos a nuestro bebé, tendrá su nivel de hidratación en perfectas condiciones. Sí es importante, sobre todo si es pequeño, que le ofrezcamos con algo más de frecuencia durante los meses de calor.

Y si tu bebé toma biberón, solo tienes que fijarte en la cantidad de agua que utilizas para prepararlo. La proporción es bastante similar a la de la leche materna.

Ofrecerle otros líquidos a tu bebé de menos de seis meses no es saludable para él. Si le damos agua, estamos llenando su estómago de algo que carece por completo de los nutrientes que necesita pero que le dará sensación de saciedad, por lo que no demandará pecho ni biberón. En una época tan crítica como son los primeros meses en lo que a desarrollo se refiere, es correr un riesgo innecesario.

Por otro lado, su aparato digestivo no está preparado para gestionar nada que no sea leche materna o de fórmula. Así que zumos, tisanas y demás preparados deben estar fuera de la norma.

A partir de los 6 meses

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Con el comienzo de la alimentación complementaria, generalmente en torno a los seis meses, la introducción del agua se hace esencial. Dado que los alimentos sólidos son, en esta época, un complemento, muchas veces nos confiamos pensando que con el pecho o el biberón, nuestro peque tiene suficientes líquidos. Y la realidad es otra bien distinta.

Esto es algo de lo que nos daremos cuenta por nosotros mismos, en cuanto veamos al tercer o cuarto día que a nuestro bebé le cuesta bastante hacer sus necesidades. El estreñimiento es uno de los principales síntomas que apuntan a que hace falta un poco más de hidratación, ya que las heces requieren de agua para tener una consistencia que le permita a tu bebé expulsarlas con comodidad.

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Puede que al principio le resulte algo complicado. Siempre podemos recurrir al biberón, si toma, pero tanto si es un bebé de pecho como si ya tiene más de un año —momento en el cual se recomienda que dejen el biberón para evitar posibles problemas de salud en el futuro—, los vasitos de transición de Dr. Brown’s son el recipiente perfecto.

Hay distintos modelos dependiendo del momento en que se encuentre tu bebé: con boquilla para que los más pequeños succionen, sin boquilla pero con sistema antiderrame para evitar accidentes, con pajita para tomar cómodamente por la calle, térmicos para llevar las bebidas calientes cuando llegue el frío… Todos ellos están fabricados libres de BPA y diseñados para que tu bebé los pueda utilizar con total comodidad —y evitando que se empape—.

Agua, sí. Y también más cosas

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Muchas veces nos olvidamos de que la hidratación no solo es cuestión de beber agua. De hecho, muchos alimentos tienen un alto contenido de agua y podemos incluirlos en la dieta del bebé —teniendo en cuenta las restricciones que hay en cada momento de su crecimiento— para complementar la ingesta de agua de la manera «tradicional», por así decirlo.

La fruta, por ejemplo, es un alimento ideal a la hora de aumentar la ingesta de líquidos. Aunque no todas las frutas tienen un alto porcentaje de agua en su composición. Aquí debemos seleccionar aquellas que mayor cantidad tengan, como la sandía —que, además, fresca en verano es ideal y si tu peque está en pleno proceso de dentición, le aliviará considerablemente—, la naranja, la manzana —siempre cocinada o triturada, nunca la ofreceremos cruda hasta más allá de los tres años por el peligro de atragantamiento— o los arándanos.

Algunas verduras también contienen altos porcentajes de agua y podemos introducirlas cómodamente en la alimentación complementaria de nuestro peque. Por ejemplo, el pepino o el tomate, el brócoli o las coles de bruselas son perfectas para tomar en verano.

Lo que generalmente debemos evitar es ofrecer batidos, refrescos o zumos a los más pequeños. Estos últimos, aunque pueda parecer lo contrario, carecen de los beneficios que sí tiene la fruta entera y llevan a cambio una alta cantidad de azúcar que no aporta nutricionalmente nada a nuestro peque.