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Si hay algo complicado cuando nos convertimos en padres es dejar el ritmo que llevábamos hasta ese momento y acoplarnos a una nueva rutina. Los horarios establecidos desaparecen y comienza una etapa en nuestra vida en la que los tiempos no los marcan las manecillas del reloj, sino nuestro bebé.

Cuándo dormir, cuándo comer, cuándo jugar, cuándo descansar… Nuestro bebé sabe lo que necesita, cuándo lo necesita y desde luego, sabe perfectamente cómo demandarlo. Es cuestión de tiempo que vayamos entendiendo su lenguaje, pero es raro que tras unas pocas semanas no estemos bien sincronizados.

Esto es importante de cara a afrontar uno de los momentos que más pueden intimidarnos como padres: el inicio de la alimentación complementaria. Se trata de un cambio de paradigma absoluto y, aunque continuemos con la lactancia —sea materna o artificial—, se abre ante nosotros un nuevo camino desconocido. Y en este recorrido, hay dos bastones en los que apoyarnos y que serán fundamentales: la información y la confianza en nuestro bebé.

Cuándo comenzar la alimentación complementaria

La Asociación Española de Pediatría se ha actualizado mucho en los últimos años en lo que a la alimentación complementaria se refiere. Lejos quedan aquellos días en las que nuestro pediatra nos entregaba una hoja con las cantidades exactas de cada alimento que debíamos ofrecer.

Decidir cuándo comenzamos el proceso de introducir los alimentos sólidos es uno de los primeros pasos que debemos dar, y en ese sentido, la AEP es bastante clara. Salvo en casos excepcionales —que siempre deben ir valorados por nuestro pediatra—, debemos esperar como mínimo a los seis meses.

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A partir de este momento, el bebé cuenta con la maduración necesaria en sus sistemas gastrointestinal, renal, neurológico e inmune para poder tolerar  bien los nuevos alimentos que vayamos ofreciéndole. Pero no es el único criterio, ni todos los bebés están preparados el día que cumplen los seis meses.

Es necesario que se dé una destreza psicomotriz que le permita la suficiente coordinación para acercarse la comida a la boca con la mano y mantener una postura sentada con el apoyo justo.

También debe haber eliminado el reflejo de extrusión, que le hace expulsar de su boca cualquier elemento no líquido que entre, empujándolo con la lengua. Un reflejo muy útil durante los primeros meses que ayuda, fundamentalmente, a evitar posibles atragantamientos.

Y por último, pero no menos importante, debe mostrar un interés activo por la comida. Hay peques que te ven comer y no sienten la más mínima atracción por lo que hay en tu plato, y hay otros que, si te descuidas, te echan mano al tenedor.

Cada niño es distinto y por eso es tan importante seguir su ritmo, escuchar bien sus necesidades y actuar en consecuencia. Todos estos criterios, de hecho, responden precisamente a esa escucha de nuestro bebé. No se dan a una determinada edad, ni en un momento concreto. Los seis-siete meses —la AEP recomienda no posponer más allá la iniciación— son indicativos y los profesionales lo tienen claro: observa bien a tu bebé y sabrás cuándo está preparado.

Sus primeros alimentos

Como decíamos al principio, lejos quedan aquellos días en que nuestro pediatra nos daba una hoja con las cantidades fijas de cada ingrediente que había que dar al peque, en qué momento y en qué orden. Ahora sabemos que, salvo algunas excepciones, los bebés pueden comer prácticamente de todo.

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En esta tabla podéis ver claramente cuáles son los principales alimentos que podemos ofrecer a nuestros peques en cada etapa. Entre los 6 y los 12 meses hay más restricciones, como las referentes a los lácteos (mejor a partir de los 9-10 meses en el caso de derivados, en pequeña cantidad, y del año para la leche entera), las hortalizas de hoja verde como acelgas o espinacas, que contienen un alto porcentaje de nitratos y están desaconsejadas hasta más adelante, y la sal, que no se recomienda hasta más allá del año (y si podemos evitarla, mejor que mejor).

Especial atención a los sólidos con riesgo de atragantamiento, que no se recomiendan hasta pasados los tres años, o los alimentos superfluos como los dulces, la bollería o los alimentos procesados.

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Es importante, como puedes ver, que ofrezcamos a nuestro bebé una dieta saludable, variada y rica en nutrientes, pero para ello debemos comenzar introduciendo los alimentos de uno en uno, para detectar posibles alergias, y esperar unos tres días antes de comenzar con el siguiente.

Puede parecer un poco exagerado, tres días comiendo zanahorias al vapor o puré de patata sola, pero verás cómo en esta primera aproximación a los sólidos, tu bebé busca más explorar, descubrir y probar que verdaderamente obtener una nutrición exclusiva de estos alimentos. Y es que por algo se llama alimentación complementaria: la leche sigue siendo la base de su sustento. ¿Lo demás? Pequeñas pruebas que irán ganando en entidad conforme se acerque al año.

En estas primeras semanas, puedes ofrecerle lo que quieras, dentro de las restricciones que hemos mencionado. Es un momento muy importante para tu bebé, ya que está desarrollando su sentido del gusto y sus preferencias; cuanto mayor sea la cantidad de alimentos distintos que le ofrezcas, más completo será este proceso.

Puedes seguir una dieta a base de triturados o iniciarte en el BLW. Si optas por pasarlo todo por la batidora, recordarte que la AEP recomienda que no dejes pasar más allá de los ocho o nueve meses el momento de introducir texturas semi-sólidas, para que la masticación se pueda desarrollar correctamente.

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Si los cachos te intimidan o te preocupa que pueda atragantarse, puedes recurrir al uso de alimentadores antiahogo como los de Dr. Brown’s. Fabricados a base de silicona duradera, basta con que introduzcas en su interior un trozo de fruta, por ejemplo, para que tu peque pueda ir mordiéndolo con seguridad. También son perfectos para la época de la dentición, ya que puedes colocar la fruta congelada y lo tendrás entretenido un buen rato, a la vez que alivias la inflamación de sus encías.

Conforme vaya implantándose la alimentación complementaria, seguramente todos os encontraréis más cómodos en esta nueva rutina. Que no te asuste salir de casa a la hora de las comidas. Con el portabiberones térmico de Dr. Brown’s podrás llevar no solo sus biberones, sino también su recipiente con comida y que esté a la temperatura perfecta. Así te olvidarás de tener que pedir que te lo calienten en un microondas y, sobre todo, te ahorrarás que se les vaya la temperatura y te dejen la comida —o el biberón— hecha un desastre.

Imágenes | iStock/Philip O’HareiStock/Machine Headz