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Cuando por fin sostenemos a nuestro bebé en brazos, por primera vez, nos inunda una oleada de mil y una emociones diferentes y difícilmente etiquetables. Pero, con ellas, también nos llenamos de una enorme sensación de responsabilidad por ese pequeño que depende enteramente de nosotros para sobrevivir. Es en ese momento cuando nos damos cuenta de lo increíblemente vulnerables que son y de cómo debemos protegerlos hasta que estén preparados para el mundo.

Esa protección, durante los primeros días y semanas, se traduce en prudencia y precaución. Limitar las visitas —máxime si hay algún familiar enfermo—, tocar al bebé solo después de lavarnos las manos, utilizar prendas agradables para su delicada piel y lavarlas sin suavizante, prepararle un entorno seguro donde poder descansar, en compañía de papá y mamá… Pero también durante esta primera etapa es importante que los objetos que estén en contacto con el bebé estén lo más limpios posible.

Esterilizar: en qué consiste

El sistema inmunológico de un recién nacido es una obra en construcción: necesita tiempo para fortalecerse, para beneficiarse del contacto con el entorno sin entrar en riesgo y ganar así competencias. Pero se trata de un proceso largo que debemos, por un lado, favorecer y por otro, vigilar.

No se trata de que metamos a nuestros peques en una burbuja y los aislemos de todo contacto con el mundo. Ni de que esterilicemos cada rincón de nuestra casa. Si has tenido un recién nacido, seguramente ya sepas que la colada puede acumularse días y días, que no siempre fregamos los platos después de comer y que lo de pasar el polvo a diario es cosa del pasado, al menos durante un tiempo.

Se trata, en realidad, de que los protejamos mientras lo necesiten y que seamos conscientes de que parte del proceso de que su sistema inmunológico se desarrolle conlleva, precisamente, que se cojan sus catarros, algún que otro virus y que se ensucien —siempre dentro de lo razonable—.

Dicho esto, durante las primeras semanas de nuestro bebé debemos tomar una serie de precauciones que nos ayudarán a que su sistema inmune no se vea afectado por un entorno al que todavía no son del todo capaces de hacer frente. Y de ahí la importancia de esterilizar en este periodo.

La esterilización de aquellos objetos que sean susceptibles, sobre todo, de entrar en contacto con la boca de nuestro bebé significa someterlos a un procedimiento con el fin de eliminar aquellos gérmenes que pudieran perjudicar su salud. Desde biberones hasta chupetes, mordedores y pequeños juguetes. Pero también es interesante esterilizar nuestro sacaleches y los recipientes de conservación de la leche materna, si estamos haciendo banco de leche, una lactancia mixta o en diferido.

Cómo podemos esterilizar

Tradicionalmente, y esto seguro que lo has visto en casa, biberones, tetinas, chupetes y demás cacharros del peque se hervían en un cazo u olla durante diez minutos o cuarto de hora. Ese método sigue siendo válido a día de hoy, pero hay otros que son bastante más prácticos y, sobre todo, menos aparatosos.

La creencia popular de que el lavavajillas esteriliza está muy extendida, pero lo cierto es que no es así. La temperatura del agua debe llegar a los 90ºC para eliminar la mayor cantidad posible de microorganismos, y generalmente los lavavajillas no suelen superar los 65ºC. Aunque tienen su utilidad, como veremos más adelante.

Si no quieres tener que estar hirviendo agua como si estuviéramos en 1921, puedes optar por tener en casa un esterilizador de biberones. Dr. Brown’s tiene una gama de productos diseñados específicamente para garantizar que el proceso de esterilización es lo más riguroso posible.

En primer lugar, tenemos el esterilizador de biberones eléctrico. El de Dr. Brown’s cuenta con capacidad para seis biberones y una rejilla superior para colocar los accesorios, como tetinas, chupetes, etc., y que sean también esterilizados. Cuenta con sistema de autoapagado, ideal para ponerlo todo al final del día, dejarlo en marcha y olvidarnos.

Otra opción que cada vez cuenta con más aceptación es el esterilizador de microondas. El de Dr. Brown’s tiene capacidad para cuatro biberones y su funcionamiento no podría ser más sencillo: basta con que rellenemos de agua la parte inferior del esterilizador, coloquemos los biberones sobre la rejilla y cerremos el compartimento. Directo al microondas y listo, tenemos cuatro biberones esterilizados en pocos minutos.

Y si salimos de viaje y no queremos cargar con ninguna de estos dos aparatos, las bolsas de esterilización de Dr. Brown’s son ideales para llevar en la maleta. Su uso está destinado al microondas, con lo que solo tenemos que rellenar de agua la bolsa según las instrucciones, introducir los objetos que queramos esterilizar —biberón, tetina, chupete…— y listo. Además son reutilizables hasta en 20 ocasiones y vienen en packs de 5.

Cuándo esterilizar… y cuándo no

En primer lugar, la esterilización está recomendada durante los seis primeros meses de vida, pero cuando veamos que nuestro peque comienza a llevarse todo a la boca, generalmente en torno a los tres o cuatro meses, podemos empezar a dejar de esterilizar —ojo, que no de lavar correctamente—.

Durante esta primera etapa, basta con que esterilicemos una vez al día los biberones. Hay que lavarlos bien, eso sí, con agua caliente y jabón después de cada uso, preferiblemente con un cepillo largo que nos permita llegar bien a cada recoveco y que solo dediquemos al lavado de biberones.

Además, también es importante que los dejemos secar al aire en un escurrebiberones o que usemos papel de cocina desechable para secarlos. Los trapos de cocina son nidos de gérmenes y si los utilizamos para retirar la humedad de los biberones limpios, pierde todo el sentido.

Lo mismo pasa con chupetes y juguetes que sean susceptibles de que chupe nuestro bebé. La costumbre de chupar nosotros el chupete cuando se les cae al suelo y volver a dárselo está desaconsejada, ya que puede incluso provocar caries si están en proceso de dentición. Lo mejor siempre es llevar un chupete de repuesto y lavar el otro con agua y jabón cuando tengamos oportunidad.

Recordemos que la esterilización es un proceso fundamental durante las primeras semanas de vida de nuestro pequeño, y que va perdiendo su necesidad poco a poco conforme su sistema inmunológico se fortalece. Por lo que es tan importante protegerlos al principio como permitirles, progresivamente, una exposición al entorno.